Somos bastante de casa. Y con ello nos referimos a que somos de los nuestros, de mesa larga y sobremesa que se alarga sin pedir permiso. Por eso, cuando empezamos a pensar en la boda, tuvimos claro que queríamos hacerla como vivimos: rodeados de lo que sentimos propio.
Miramos alrededor y nos dimos cuenta de que casi todo lo que queríamos para este día ya estaba aquí, en casa. Porque nos encanta nuestra tierra. Nos encanta Galicia. Es el lugar al que siempre volvemos y el que sentimos como hogar. Pero, siendo sinceros, lo que de verdad convierte un sitio en hogar no es el paisaje, ni la comida, ni siquiera las fiestas: son las personas que lo habitan.
Y ahí es donde entráis vosotros.
No podemos estar más orgullosos de la familia y los amigos que tenemos. Nos tocó la lotería con eso, sin duda. De hecho, durante mucho tiempo dudamos si casarnos o no, porque sabíamos que, en el fondo, poco iba a cambiar entre nosotros. Pero la idea de poder reunir en un mismo día a toda la gente que queremos, celebrar, reír, brindar y compartir mesa fue lo que realmente nos decidió (y, siendo honestos, puede que también influyera algún chupito de más).
Así que aquí estamos. Montando una fiesta en casa, con los nuestros, para celebrar que el hogar no es un lugar: sois vosotros.
Si os llegó esta invitación es porque formáis parte de todo esto. Porque sois casa y nos encantaría contar con vosotros para celebrar este día como si fuese uno más, pero con la excusa de poder juntarnos.
Dicen por ahí que: “se é de Lalín é bo”, pero sinceramente, de Donramiro e Muimenta, mellor.